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POLICÍA MEDIOAMBIENTAL

Agentes de Medio Ambiente: claves en la investigación de delitos de incendio forestal #AAMM #AAFF

Tras el rastro del incendio. Diez agentes de medio ambiente forman en Málaga la Brigada
de Investigación de Incendios Forestales Su misión: que no queden
impunes.
Su intervención es clave para hacer hablar al monte y desvele qué o
quién ha hecho que arda en llamas. Su trabajo, discreto y desconocido
por muchos, resulta crucial para que los incendios que cada año se ceban
con el patrimonio forestal no queden impunes y se sepa la verdad de lo
ocurrido. Diez agentes de medio ambiente trabajan en la Brigada de
Investigación de Incendios Forestales (BIIF) de la provincia y, aunque
su carga de trabajo se multiplica por mil en la época de mayor riesgo,
no descansan ni en invierno, siempre vigilantes y al acecho de cualquier
indicio que les lleve hasta el final.

En lo que va de año ya han tenido que iniciar la investigación
de dos siniestros y desde 199, año que empieza a operar en Málaga, ya
han determinado 2.600 puntos de inicio de 1.800 incendios distintos.
Solamente el año pasado investigaron unos 153 fuegos ocurridos en la
provincia, de los que emitieron más de 110 informes.

Su trabajo comienza con el aviso de un incendio y acuden en el
mismo momento cuando no existe una causa clara evidente del origen para
evitar que las tareas de extinción destruyan pruebas esenciales para
descubrir qué lo originó, cómo, por qué y quién. Su objetivo, en
definitiva, es conseguir la prueba pericial que permita que el siniestro
no quede impune. «El tiempo que pasa es la verdad que huye» es su lema.

A simple vista, son capaces de ver las pistas que el fuego ha
dejado a su paso. Solamente con ver la orografía de la zona y en función
de la climatología, los agentes de Medio Ambiente especializados en la
investigación de incendios pueden aventurar un punto de inicio con ayuda
también de las fotos aéreas que toman los técnicos del dispositivo
Infoca. A partir de ahí, se determina el perímetro de la posible zona de
origen del fuego para que no se contamine el lugar y se empieza a
reconstruir su recorrido al revés, es decir, desde donde se ha propagado
hacia el inicio.

Cualquier elemento del entorno da información de lo ocurrido.
«El fuego deja indicativos de paso y la vegetación, el suelo, los
árboles y las piedras hablan de cómo se han quemado e indican hacia
dónde fue y de dónde vino, lo que nos lleva al inicio del incendio y,
por tanto, a los indicios que ayuden a demostrar la causa y el
causante», contó el responsable de la Brigada de Investigación de
Incendios Forestales de la provincia de Málaga que atesora más una
dilatada experiencia en esta materia.

La dirección que ha seguido el fuego resulta clave para tener
éxito en una investigación y llegar a encontrar evidencias del origen de
la combustión. Y es que, según aseguró, «conforme va avanzando el fuego
hay una graduación del año, lo que indica que la vegetación de
alrededor del punto de inicio está siempre menos quemada». También la
mineralización completa de las cenizas en un punto concreto, es decir,
cuando están más blancas, es una pista fundamental porque indica mayor
resilencia en esa zona.

La segunda pregunta crucial es determinar qué tipo de
actividades suelen darse en la zona y que hayan podido generar esa
fuente de energía, como barbacoas, quemas agrícolas o uso de maquinaria,
por ejemplo.

Esta semana tocaba volver al lugar donde el pasado 9 de enero un
incendio ocurrido en los alrededores de una vivienda en una zona
rústica de Cómpeta amenazó con saltar al cercano parque natural de
Sierra Almijara en mitad de la noche. En ese caso, los agentes de medio
ambiente que trabajan en la BIIF en Málaga encontraron evidencias de
restos de carbones procedentes de una chimenea o barbacoa, que se
depositaron junto a una zona de vegetación sin apagar. Tampoco había
ejecutado su plan de autoprotección, una exigencia legal que deben tener
todas las edificaciones en zonas forestales o de influencia forestal
para que no haya continuidad que facilite la propagación de un
hipotético fuego ni en horizontal ni en vertical y que desgraciadamente
no todas cumplen.

Las negligencias o imprudencias son, de hecho, el origen de más
del 50% de los incendios investigados el año pasado en la provincia de
Málaga. Los siniestros con un origen natural suelen ser los menos, poco
frecuentes y causados principalmente por un rayo o por la fermentación
de restos orgánicos, como por ejemplo ocurre en un vertedero.

La dificultad llega cuando se producen varios focos en un mismo
incendio. En ese caso, explicó este agente de medio ambiente, «hay que
descartar primero el posible transporte de pavesas y de material
combustible en combustión para poder plantear que ha sido intencionado,
en muchos casos por venganzas contra el propietario de la parcela o
contra la propia administración».

El problema, contó otro de los agentes de medio ambiente de la
BIIF, es «cuando no se puede precisar el origen de la propagación del
fuego». Reconoce que a veces resulta ciertamente complicado cuando, por
ejemplo, se ha iniciado por el salto de pavesas originando varios focos y
cuando el incendio comienza al lado de vías de comunicación «porque se
destruyen muchas pruebas con la llegada de los primeros medios de
extinción».

De ahí, que la minuciosidad de su trabajo sea clave para no
dejar ninguna pista en el camino. Tanto es así que cuando no está tan
claro actúan como verdaderos arqueólogos con pincel en mano para
analizar todo el perímetro acotado en calles.

Una de las primeras evidencias que buscan en el lugar del suceso
es si la fuente de energía original ha sido suficiente para propagar el
incendio o bien hay un elemento que ayuda a distribuirlo. Por ejemplo,
los que los investigadores llaman el combustible vegetal fino y muerto
o, lo que es lo mismo, la hierba seca arde a más de 250 grados de
temperatura, mientras que solamente la punta de un cigarrillo encendido
puede llegar a los 500 ó 600 grados «temperatura suficiente para iniciar
un incendio si se dan las condiciones».

Cuanta menos agua tenga la vegetación hará falta menos energía
para formar llama, mientras que cuando el índice de humedad relativa del
combustible ligero y muerto es superior al 12% es «sumamente improbable
que una colilla forme un incendio, concretamente menos del 6% de
probabilidades de que se origine la ignición», explicó el responsable
del BIIF de Málaga.

El perímetro de actuación en el que los agentes de medio
ambiente deben encontrar las pistas que les permitan desentrañar lo
ocurrido suele rondar entre los 500 metros cuadrados y las dos hectáreas
como máximo. Y normalmente el mismo día del incendio suelen hacerse con
todas las evidencias para ubicar el punto de inicio y la posible causa.
Más tarea supone dar con el causante, en algunos casos gracias al
ticket de compra de la carne usada en una barbacoa que fue el origen de
un incendio ocurrido en Mijas en 2008.

Como agentes de la autoridad, el personal de la Brigada de
Investigación de Incendios Forestales hacen uso de todos los medios a su
alcance para llegar hasta el final en cada incendio. Identifican a al
propietario de la parcela y a los vecinos, comprueban las referencias
catastrales y el uso que se hace de los distintos suelos afectados. Con
el informe que elaboran sobre la investigación y la aportación de las
pruebas materiales del suceso, son las cuerpos y fuerzas seguridad del
Estado como la Guardia Civil y la Policía autonómica adscrita a la
Policía Nacional los encargados de la llamada prueba personal cuando se
logra identificar al responsable.

A priori, todos los incendios por pequeños que sean son
perseguibles judicialmente, aunque será un juez el que determine
finalmente si ha habido dolo o no. Lo único que lamentan es la lentitud
del proceso que en la mayoría de los casos supera los cinco años entre
el incendio y la celebración del juicio contra el responsable.

Hasta ahora, la mayor pena de cárcel confirmada por el Tribunal
Supremo contra el responsable de un incendio es la de un hombre que en
2001 fue identificado como autor de un fuego en Ojén. Por aquel delito
se le pedía una pena de entre 11 y 17 años de prisión, aunque finalmente
se le redujo hasta los ocho años por el atenuante de la enajenación
mental que padecía.

El rastro del fuego implica también riesgos para estos agentes
que en algunas ocasiones se han visto rodeados por el fuego mientras
trataban de hallar su causa y a su causante. Pero su mayor aliada es la
propia naturaleza. Vegetación, piedras y suelo son capaces de guardar
las evidencias de un incendio durante décadas.

Fuente: malagahoy.es